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jueves, 22 de marzo de 2012

Locuras.

Días aburridos en los que no tienes ni idea de lo que hacer para divertirte un rato, pero no hace falta, llegan ellos, que hacen que te diviertas con la mínima tontería.Llegan ellos animandote desesperadamente a dar un paseo todos juntos, al principio no quieres, pero, ¿por qué no? al fin y al cabo siempre te acabas riendo a carcajadas y pasándotelo genial.
Sales, porque quieres despejarte un poco de todos los pensamientos que encadenan tu mente día tras día. Que si exámenes, que si él te ignora, que si tu amiga ... ahora que estás con ellos no es momento de pensar, si no de divertirse. Y empiezan las tonterías que más tarde se convertirán en locuras.
Una tras otra, sin dejar espacio a pensar las consecuencias, y sin dejar tiempo a decir que no antes de que uno de tus amigos te agarre del brazo arrastrándote a hacer una de esas cosas que por miedo no quieres hacer, pero que después de hacerla quieres repetirla una y otra vez.
Toda la tarde al borde del abismo, pero, pese a que es peligroso lo que estás haciendo y lo sabes, te dá completamente igual, puesto que no te lo puedes estar pasando mejor.
Tontería tras tontería, locura tras locura, risa tras risa ... así discurre la tarde. Pero como todo lo bueno, la tarde se acaba, y te toca volver a tu casa porque mañana te espera otra tanda de agobiantes pensamientos, que, por desgracia o por suerte, sólo ellos pueden apartarlos de tu cabeza.
Llegas a tu casa y mientras cenas piensas en todas las bobadas que habéis echo hoy. Un escalofrío hace que no puedas aguantar más y la risa estalla ante la penetrante mirada de tus padres.
Pero intentas disimular lo que ha pasado, puesto que si le cuentas a tus padres lo que has hecho, te espera un largo castigo.
Te vas a la cama, pero sin dejar de recordar toda esa tarde. Sin duda, ha sido otra tarde especial, pero, ¿qué estás diciendo? todas las tardes compartidas con ellos son especiales.
Al final, te duermes, intentando apartar las locuras de tu cabeza, para que la risa no interrumpa tu sueño.
Al día siguiente te levantas, y por fin un maldito día de tu vida en el que él no es la primera imagen que aparece en tu cabeza, si no que aparecen todas las tonterías de ayer una tras otra como una película.
Llegas al instituto, y allí los ves, mirándote y sonriendo. No hay duda, ellos también están recordando lo de ayer. ¿Cómo no lo iban a recordar si fue genial?
Te acercas a ellos para intentar decir una palabra de lo sucedido ayer, pero no hay forma, un bullicio de palabras salen de sus bocas a tonos diferentes, pero sin dejar de cesar. Intentas hablar, bueno,  mejor dicho, intentas gritar para que a pesar de todo ese ruido y risas ellos escuchen tu opinión sobre la tarde de ayer. Imposible, si tú gritas, gritan ellos, y acabais empujándoos unos a otros para ver quién habla antes.
Fin de la discursión, toca ir a clase, pero seguramente, no podrás concentrarte, porque toda esa felicidad acumulada, que hace tiempo que no sentías, invade tu cuerpo de la cabeza a los pies.
Nada de matemáticas, ni de lengua, ni de biología, ahora tu mente se sumerge en un océano de pensamientos y recuerdos que te provocan una pícara sonrisa.
Pero para que pase esto, primero tienes que encontrar tu lugar, tu sitio.
Hay muchos tipos de personas, y aunque hoy en día cada día las personas se parecen más, cada uno es especial y diferente, sólo que a su manera.
Así que ahora te toca conocerte un poco. Es lo primero. Conócete y encontrarás tu lugar en el mundo. No importa que te equivoques, todo el mundo comete fallos, pero al final de todo, encontrarás a las personas que harán tu vida cada día más y más especial, y que te inciten a hacer cosas que nunca harías, pero que te arrepentirías de no hacerlas.


              No desperdicies tu tiempo, encuentra a las personas que harán ese tiempo especial.


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