Es obvio que está enamorada, se nota cuando lo mira.
Cada vez que él sonríe ella se sonroja, aparta la mirada y su cuerpo se eriza tras ver que él la está mirando. Por un momento piensa "¿y si le gusto?" pero es mejor no hacerse ilusiones, para no acabar defraudándose como siempre.
Se conocen desde hace tiempo, pero en este caso, no ha sido el roce el culpable del cariño, ya que nunca han coincidido juntos.
Tienen química, se nota, y aunque ninguno de ellos dos lo sepan, están echos el uno para el otro.
No le preocupa el tiempo que pasa, si no el tiempo que hace que no lo ve, quizás cinco minutos, o tal vez quince, pero en el recreo nunca se encuentran, puesto que cada uno se dedica a hacer lo que más le gusta, ella hablar, y él jugar al fútbol.
Por fin la campana. Es la primera vez que se alegra de escuchar ese molesto sonido, pero que hoy, le da una señal que ella interpreta como "voy a volver a verle".
Ella es la primera en llegar a clase, normal, puesto que es la más responsable. Se sienta, mira a su alrededor pero no busca al profesor, si no al culpable de su distracción en todas las clases.
Derrepente el corazón le da un vuelco al escuchar su risa, su sonora carcajada.
Mira hacia adelante, y allí está él, con esa imperfecta sonrisa pero que para ella es especial, muy especial. Desvía la mirada, pero es inútil, se vuelve a encontrar con la de él, de la que no se separa a pesar de el barullo de la clase.
Ambos sonrien. Ya casi se ha convertido en una rutina para ellos eso de sonreir, lo hacen a todas horas del día y no con cualquier sonrisa, si no con la más especial.
A ella le encanta hacerle sentir, y se enorgullece cada vez que él deja ver su blanca dentadura.
No son las matemáticas lo que le preocupa, si no el hecho de que ella no signifique nada para él.
Desea besarle más que nada en este mundo, pero es demasiado precipitado, puesto que ni siquiera se atreven a hablarse.
Ninguno de los dos son perfectos, pero a simple vista, se aceptan mutuamente pese a sus defectos, y cuando están juntos, los complejos desaparecen de una forma inmediata.
Día tras día. Él aún la mira como la primera vez que sentía mariposas en el estómago mientras la veía reír a carcajadas con alguna de esas tonterías que él siempre dice de una forma natural y espontánea cuado ella está delante. Le encanta hacer reír a la gente, pero a ella más que a nadie. Se siente bien cuando está con ella, y aunque sabe que es guapa no se fija en sus curvas, si no en sus ojos tristes y verdosos que destacan entre todas las miradas. ¿Cómo ha sido dotada de tal perfección? Y además, no sólo es bonita físicamente, si no que es linda hasta por dentro.
No se equivocaba, allí está ella, prestando su cuaderno para que los compañeros puedan tomar apuntes; derrochando simpatía con cada palabra que sale de su deseada boca...
¿Y si le pide salir? No, seguramente ella le diría que no.
Entonces su sonrisa se desvanece y sus ojos se llenan de esas lágrimas que en público nunca derrama.
Pero aún le queda un poco de esperanza, y mientras no llegue el día en el que la valentía le empuje a dar el paso, estará haciendola sonreír a cada momento para poder convencerse de que lo que siente es real, de que realmente, ella es el amor de su vida. Y aunque él no lo sepa, está compartiendo pensamientos con ella, que no deja de imaginar, mientras el corazón le late a mil por hora, como sería una vida junto a él, hasta llegar a la conclusión de que realmente, acaba de enamorarse.

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