Días en los que la soledad es tu mejor amiga, el baño del instituto y tu habitación se convierten en tus lugares preferidos y las palabras no dicen nada que no puedan decir las 309272829301830 lágrimas que no cesan de derramarse.
Lo peor es que no sepas el motivo por el que lloras, o simplemente, que lo sepas y no lo quieras reconocer. Suele ser por alguien, no una persona cualquiera, si no una persona especial que te saca tus mejores sonrisas, te hace sentir especial con sólo una mirada y hace que te dé igual cambiar todo lo que tienes por su felicidad. Una persona tan maravillosa ... sólo al principio, sólo cuando tú lo aceptas pese a sus defectos, mientras que él no te acepta ni aunque fueras perfecta.
Lo ves mirando a otras chicas y piensas "¿qué tienen ellas que no tenga yo?", pero te das cuenta de que esa pregunta es absurda, puesto que ya sabes lo que ellas tienen.
Llegas a tu casa con la cabeza hacia abajo, la mirada perdida, triste y con los ojos llorosos y la mente no sé dónde. Sueltas la mochila de golpe, y te encierras en el baño.
No puedes más y el llanto se desata. Se desata mientras te sientas lentamente en el suelo frío, contra la puerta, mirando a la nada y pensando en tu todo. Él.
Después de cinco minutos te vas "calmando", te levantas, y viene la peor parte. La maldita parte en la que te miras en el espejo pensando "me odio", las dos peores frases que se puede decir uno a sí mismo. Me odio, me odio, me odio ... no escuchas otra cosa en tu cabeza. Pero por desgracia o por suerte el tiempo no se para y tienes que salir de ahí cuánto antes mejor, y no me refiero a salir del baño, si no a salir de la estúpidez de verse complejos te mires por donde te mires.
Crees que no vas a poder salir de esto y día tras día te encierras con el deseo de que toda esta mierda se acabe de una vez, pero cuesta y es difícil.
Hasta que llega un día en el que decides quererte un poco más. Ese día ocurre cuando ya te has olvidado de esa persona especial. Corres hacia el baño, te encierras y te miras al espejo. "Uffff otra vez no" piensas, pero por algún extraño motivo una sonrisa especialmente bonita resalta en tu cara. Y por fin te sientes a gusto contigo misma, y lo más importante, ya nadie puede hacer que cambies ni que te deprimas más.
Así que aunque estés pasando por un mal momento por alguien, hay que darle tiempo al tiempo, ser fuerte y mirar siempre hacia adelante, para llegar así a una felicidad imposible de arrebatar.
Pese a todo lo malo, recuerda siempre sonreír.
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