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jueves, 8 de marzo de 2012

Adolescencia.

La adolescencia. La época en la que pasarás algunos de los momentos más increíbles de tu vida y los momentos más difíciles de toda tu existencia. Doce, trece, catorce años ... qué más da la edad, en mi opinión uno es adolescente cuando su estado de ánimo se define cómo "la montaña rusa de las emociones" ya que un día estás inmensamente feliz, pero al otro te sientes la persona más desgraciada del mundo. A veces hasta falta tiempo para que tus emociones cambien por completo, falta tiempo para que pases de estar echa una mierda a sentirte especial, o viceversa.
La adolescencia es tan increíble que con dos palabras las personas que te importan te pueden cambiar el ánimo completamente. Te quiero. Te odio. Dos palabras que te provocan un cúmulo de sensaciones de una forma inmediata.
Hay días en los que llegas a tu casa con una amplia y especial sonrisa. Te paras, saludas a tus padres y a tu hermano (cosa muy rara en ti), sueltas la maleta y te pones a comer mientras recuerdas lo que has hecho hoy en el instituto y, mientras, esperas ansiosa encontrarte con tus amigos para salir y divertirte. Terminas, te conectas y miras si "él" está conectado. Mierda, ni rastro de él, y encima hoy no ha ido a clase. Bueno, hoy estás tan feliz que apenas te importa. Pasa el tiempo y el deseo de salir a la calle y reír arde en tu cabeza. Toca vestirse. Por supuesto guapísima por si te lo encuentras en la calle que se fije en tí, pero te paras un momento a pensar, y mientras que tu sonrisa se apaga lentamente te das cuenta de que eso no ocurrirá, puesto que él nunca se fija en tí. No quieres pensar más y , para ello, pones tú canción preferida mientras que bailas y te vistes al mismo tiempo. En ese momento todos tus pensamientos desaparecen y sólo quedas tú y tus pies bailando al son de la música. Por fin estás lista, ufff ... ha costado. Sales a la calle con un seguro caminar y una sonrisa picarona que te sale sin saber el motivo. Aunque no lo sepas, el estar orgullosa de sí mismo es el motivo. Te encuentras con tus amigos y piensas "ahora toca divertirse un rato". Pasas horas y horas en la calle e incluso te duele la barriga de reír y los cachetes de no dejas de sonreír. "Flash" foto tras foto haciendo tonterías, pero no son fotos cualquiera, si no fotos que quedarán para la posteridad. Después de una feliz y fantástica tarde llegas a tu casa. Por supuesto sonriendo y recordando todo lo que has pasado esta tarde. Estás cansada, así que cenas y te acuestas cerrando tus ojos hasta que la luz de la mañana los vuelva a abrir de nuevo. Que día tan maravilloso.
Pero por desgracia no todos los días son así de increíbles, si no que son todo lo contrario.
Llegas a tu casa pensando en la mala nota que has sacado en matemáticas, pero no es eso lo que más te preocupa, si no el hecho de que él no te quiera, y no sólo eso, si no que ya ni siquiera te mire. Te habías echo ilusiones, pero, al final todas se han roto al ver como "tu chico" se liaba con la rubia de turno. Tus ojos se llenan de lágrimas recordando aquella escena. Decides aguantar el llanto y olvidar eso de tu cabeza por respeto a ti misma. Imposible. Tu cerebro reacciona como una especie de video rebobinando ese jodido momento una y otra vez. Mierda. Por fin llegas a tu casa, pero ahora toca contarle a tus padres ese 3'5 en matemáticas y lo peor de todo, escuchar la bronca. Palabra tras palabra, grito tras grito ... que pesadilla, justo en este día. Mientras que te regañan sigues pensando en él y en lo que viste esta mañana. Por fin se terminó el almuerzo y con él se terminó la bronca.
Te vas hacia tu cuarto y cierras la puerta de un portazo. Un portazo ensordecedor. Te sientas en el suelo contra la puerta para que nadie pueda entrar y verte llorar. Llorar como no has llorado nunca.
Vasta, vasta, vasta ... no hay nada que hacer, las lágrimas resbalan por tu cara una tras otra. Tienes los ojos rojos e hinchados de llorar. Puto día de mierda. Y llega la maldita pregunta que todo el mundo se hace alguna vez cuando se es adolescente, "¿por qué a mí?". Tienes tantas respuestas, pero todas te desaniman aún más. Bueno, intentas olvidarte y te conectas al tuenti. Algo te anima, y no es él, es tu mejor amiga que está conectada y dispuesta a ayudarte. Le cuentas lo que te ha pasado y te anima un poco, o por lo menos lo itenta. Te duele la cabeza, así que pones un estado triste y sin más te desconectas desvaneciendose así todas las conversaciones. Sales de tu cuarto, disimuladamente para que no te oigan y te den el coñazo, llegas al baño y te encierras. Te miras al espejo, puff, horrorosa después de tanto llorar. Vaya mierda. Te enjuagas la cara con agua fría, a ver si con suerte te despeja la mente un poco. Nada. Es tarde, te has pasado toda la tarde llorando, así que lo mejor será cenar y acostarse.
Cuando terminas de cenar corres rápidamente hacia tu cuarto, te tumbas en la cama, apagas la luz, y mientras tu mirada perdida se centra en el vacío techo, en tu mente va desaparecieno la maldita escena que te ha tenido llorando toda la tarde. Al final, el cansancio te vence y te duermes con el deseo de que mañana te vaya mejor el día.
Así es la adolescencia, días bonitos y días penosos, pero en cada una de las experiencias que se viven durante esta etapa, como desengaños, infidelidades, amistad, risas, amor, novios ... de toda de cada una de ellas se aprende una lección que no se nos olvidará jamás. Así que sea bueno o sea malo tu día no te preocupes y aprende de tus errores y de todo lo que vivas, para que el día de mañana estés precavida.


                                                             
                                                  Adolescencia, la montaña rusa de las emociones



                    





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