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viernes, 2 de marzo de 2012

Desaparecida.

Hay días en los que la vida te cambia por un momento. El momento en el que estás alterada por algún motivo desconocido y de repente te paras a observarte. A  mirar atrás, desde el principio, reflexionar sobre todo lo vivido.
Te miras en el espejo de arriba a abajo sin quitarte ojo y piensas "cuánto he crecido". Es extraño porque al mirarte fijamente a los ojos ves que están llorosos y no sabes el por qué, ya que tú eres feliz. Desgraciadamente, los ojos reflejan el daño que ha sufrido una persona. Te miras y te tiemblan las manos ... te acercas lentamente al espejo sin apartar la vista de tus ojos lagrimosos. Para. Quieta.
Llega un momento en el que te da miedo seguir recordando las malas experiencias, los malos momentos, la tristes palabras que un día la gente que te importaba te dijeron sin ninguna preocupación y que te causaron más daño del debido. Retrocedes. Vuelves a bajar y subir la vista admirándote como nunca lo habías hecho. No te conoces. Te sientes desaparecida. "¿De verdad esa soy yo?" , piensas ... todo es tan extraño. De pronto miles de sensaciones se te acumulan y te invaden. Te entran ganas de llorar. ¿Para qué aguantarse las ganas?. Lloras, pero no por una sola causa, si no por un millón de causas diferentes. Emoción, tristeza, orgullo ... tantas cosas a la vez que ya no sabes ni lo que sientes.
La gente dice "sigue a tu corazón y a veces hazle caso a tu mente", pero en ese momento no sabes ni lo que dicen ninguno de los dos. Un silencio interior reina en ti y eso te encanta, estás tan a gusto así ...
Pero decides que es hora de seguir con la vida, con los segundos contando como siempre. Te miras una última vez contenta contigo misma y tras una amplia y especial sonrisa, abandonas el espejo recordando todas las sensaciones que te han invadido tras esa experiencia.


                                          No te averguenzes de quién eres, siéntete especial.


 

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