No sé cómo decirte
que ya no necesito
tu grata presencia
en mi absurda vida.
Que ya no me da miedo
pensarte y que no estés
sino que estés
y ya no te piense.
Y es que lo único que pasa
entre nuestros cuerpos inertes
son las horas con piernas infinitas
que le dan patadas
a la basura que había entre nosotros
y que nunca reciclamos.
Podríamos haberlo hecho. El amor digo.
Que pase lo que tenga que pasar
pero que pase algo
- decía mi inocencia al borde del suicidio.
Y pasaste tú,
pero tan deprisa y volátil
tan efímero y punzante
que lo que pasó es que pasaste
de largo y tendido.
Dime amor mío,
cómo voy a quererte
si ni siquiera tú
que tan niño parecías
que tan dulce aparentabas
que tan frágil te creía,
lo habías hecho antes.
Quiéreme tú, ahora que puedes
y que sabes
después de que esta triste alma
libre de pecados compartidos
te haya enseñado
todas sus lecciones
como la más puta maestra
tras ser presa aprendiz.
Quiéreme tú, ahora que el amor te ha tocado
pero no te ha hundido lo suficiente
como para ahogarte en tu propio mar de lágrimas
y hacerte ver
que a veces
el mejor salvavidas al que puedes atar tu vida
y rezar por otra mejor
es alguien con mi nombre y mis letras.
Alguien como yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario