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lunes, 17 de agosto de 2015

Aún me huele el corazón
a tu perfume barato
que tan fiera me ponía.

Y es que ya no sé si esto es poesía o que te estoy queriendo mucho.
Demasiado.
Tanto que me duele el olvido cuando tu recuerdo entrelaza sus dedos en los míos y me susurra que solías quererme.
Yo también solía. Y suelo. Suelo al que me lanzo desde lo más alto de mi cama cada madrugada de insomnio y resaca emocional.
Por si me estrello con él y te veo entre un millón de nubarrones de colores.
[...]
De colores eras tú cuando tan pícaro sonreías.
Eras verde esperanza.
Eras naranja atardecer.
Eras rojo pasión.
Eras amarillo mala suerte.

Y qué mala suerte la mía,
por haber dejado que tus pigmentos ahora sean cenizas
que el viento abraza y besa.

Y qué mala suerte la mía,
por dejar que el viento le haga a tu esencia
lo que ahora que eres gris y monótono
no volverás a hacerme a mí.


                                                                                             
                                                                                                             






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