Has llegado
en el momento
menos indicado
con las imperfecciones
más perfectas.
Pero qué más me da
que llegues a deshora
si sacas de paseo
las mariposas de mi estómago
cada vez que me tocas
con tus ojos tierra.
Y es que conocerte ha sido
como abrir la ventana
de mi casa-corazón
y dejar que la brisa entre,
se siente en el sofá (conmigo desnuda)
y me hable de cómo
te lame la piel
cuándo eres tú
quién abre la puerta.
Ábreme las piernas.
Y tus brazos.
Por si la brisa se vuelve ciclón
y tenga que aferrarme a algo
que me salve la vida
mientras tú
me la estás quitando.
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