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sábado, 19 de enero de 2013

Un paquete sorpresa.

Era 1945 y ambos paseaban de la mano sintiéndose en plena adolescencia. Él era un chaval humilde, que compartía habitación con sus ocho hermanos. Ella era adinerada, y siempre lucía modelito fuese donde fuese. Era un amor casi imposible, un amor entre personas de mundos distintos, pero aún así eran una pareja ejemplar. Sus vidas cambiaron completamente cuando ambos se conocieron, y desde entonces no se habían separado ni un segundo. Vivían enamorados y felices.
Un día de Diciembre, mientra merendaban en la plaza, él se dispuso a decirle algo:
Le comentó que tenía que partir al frente, y ella, entre lágrimas, consiguió asumir que se iban a separar durante un tiempo. El prometió volver; prometió amarla para siempre, y pensar cada noche en todos los buenos momentos que habían compartido. Prometió que aunque hubiera distancia, y otras mujeres; ella sería la única a la que le entregaría su corazón. Prometió que a pesar del tiempo, lo que sentía no iba a deteriorarse nunca.
Ambos se abrazaron, se besaron, y lloraron durante horas. Se amaban de verdad, pero él tenía que partir. 
Días después, él la miró a los ojos, la besó, y le susurró al oído que la amaba y la amaría eternamente. Ella aún no había aceptado el hecho de no verlo jamás, pero se sorbió las lágrimas y le dio las gracias por haber sido lo mejor de su vida. Él se disponía a montarse en el autobús cuando Helena le gritó que esperase un momento. Marcos se acercó hasta a ella, y se llevó una sorpresa al ver que ella sacaba una libreta de su bolso.
- Prometiste volver, así que esto hará que cumplas tu promesa. Cada día debes escribir una página sobre tus sentimientos, y una vez que lo completes, debes buscarme y devolvérmelo, para que así recuerde que lo nuestro fue verdadero. Recuerda, estaré esperándote.
El claxon del autobús pitaba sin cesar, así que Marcos la besó como si el mundo se acabase, y apretó la libreta contra su pecho mientras se alejaba poco a poco...
  [...]

60 años más tarde

Helena disfrutaba de un ambiente familiar. Su marido, Peter, descorchaba el champán para celebrar el año nuevo. Las luces de Navidad resplandecían en cada balcón, y los absurdos propósitos empezaban a salir de la boca de la multitud. Helena se despidió de sus tres hijos y sus respectivas mujeres. Estaba cansada, y los achaques de la edad estaban volviendo a las andadas. Volvió al salón y besó a su marido. Era un hombre fantástico, y le encantaba compartir una vida tan repleta de lujos con él. 
Helena recogió la mesa y llevó los platos a la cocina. El ding dong de la puerta sonó entonces. Se secó las manos con un trapo y caminó lo más rápido posible hacia el hall.
Miró por la mirilla, pero la noche y la miopía no ayudaban. Abrió la puerta, y para su sorpresa no había nadie. Miró a la izquierda y a la derecha, pero no vio nada. Pero entonces, cuando se disponía a cerrar, contempló un paquete en el suelo de las escaleras. Se agachó dificultosamente y lo tomó entre sus arrugadas manos. Volvió a mirar hacia ambos lados, pero seguía sin ver a nadie. Sin más, entró en casa, y cerró la puerta. 
Fue hasta el salón y se sentó en el sillón, mientras disfrutaba del calor de la chimenea. Suspiró sin dejar de mirar aquel extraño paquete. ¿Que podía ser? Lo abrió lentamente y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos mientras se cubría la boca. Era aquella libreta, sí, la misma que le regaló a Marcos aquel 22 de Diciembre. Cerró los ojos, y sufrió en silencio. ¡Cuánto lo había extrañado todos estos años!. Abrió la libreta, y pasó las páginas como si barajara una baraja de cartas, hasta que se detuvo en la última. Se puso las gafas y comenzó a leer:
"A mi amor Helena:
Sé que han pasado muchos años, así que supongo que ya tendrás   la vida que te mereces, una vida maravillosa. Sí, una vida de esas que yo jamás podría haberte dado. Sé que no he cumplido la promesa de volver a verte, pero me pareció demasiado, puesto que cada uno tomó su camino, y el verte de nuevo no me ayudaría a olvidarme de ti. No creo que pueda olvidar tus besos, tus absurdos gestos que me enamoraban una y otra vez y tu extraña risa. No, no creo que jamás me vuelva a enamorar como en su día lo hice de ti. No sabes cuánto te he extrañado todo este tiempo, ni cuántas veces he maldecido al destino por haberme separado de ti. A tu lado fui la persona más feliz del mundo. Bueno, espero que disfrutes leyendo este largo diario. No he conseguido plasmar todo lo que sentía por ti, porque si te soy sincero, es imposible decirlo con palabras. Disfruta de tu vida, que yo disfrutaré sabiendo que eres feliz. 
                                                            Tuyo para siempre, Marcos."






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